Estos días estoy preparando una presentación para un encuentro con los líderes de nuestros centros veterinarios. Y, entre diapositivas, notas y café, me vino a la cabeza una idea sencilla: hablar en público no va de mostrar, sino de conectar.
Porque seamos sinceros: todos hemos sufrido alguna vez una presentación interminable, con letra pequeña, sin alma y con alguien leyendo lo que ya veíamos en pantalla. Y al acabar, la sensación de siempre: “Bueno, ¿y ahora qué?”
Las presentaciones —si están bien hechas— no son solo un acto de comunicación. Son una herramienta de liderazgo. Sirven para alinear, inspirar y hacer que el equipo vea lo mismo que tú, aunque cada uno mire desde un sitio distinto.
Cuándo merece la pena hacer una presentación
No hace falta esperar a un congreso o a una gran crisis. A veces, basta con notar que el equipo está desconectado o que las cosas se hacen “porque sí”.
Haz una presentación cuando quieras dar sentido a lo que se está haciendo, no solo transmitir información. Y si tienes dudas sobre si hace falta, la respuesta suele ser sí.
Las mejores presentaciones internas son las que logran tres cosas: Dar contexto, encender una chispa, dejar claro el siguiente paso.
Si no hay propósito, mejor una reunión corta. Si hay algo importante que contar, hazlo bien.
¿Por qué son tan importantes estas presentaciones?
En la clínica, el ritmo no da tregua. Y entre consultas, quirófanos, urgencias y llamadas, la comunicación suele ser la primera víctima. Pero si no paramos nunca a hablar de lo que hacemos, acabamos trabajando uno al lado del otro, no juntos.
Las presentaciones de equipo son una oportunidad para:
- Reforzar la confianza. Recordar que todos somos parte del mismo proyecto.
- Dar contexto. Explicar el porqué de las decisiones, no solo el qué.
- Escuchar. Porque cuando comunicas, también recibes.
- Cuidar la cultura del centro. Lo que se dice y cómo se dice construye identidad.
Antes de preparar nada: piensa en la intención
Antes de abrir PowerPoint, piensa: “¿Por qué quiero hacer esta presentación?”
- Si es para compartir resultados → céntrate en el progreso y el aprendizaje.
- Si es para introducir un cambio → pon el acento en el propósito y en la oportunidad, no solo en el procedimiento.
- Si es para motivar → habla de personas, no de números.
Cómo estructurarla paso a paso
1. Empieza por lo que importa
Abre con algo que enganche: una historia, una pregunta o un dato que despierte atención. Por ejemplo:m“¿Sabíais que en el último mes hemos atendido a más de 300 pacientes y casi la mitad de las reseñas mencionan la amabilidad del equipo?”
Eso conecta la información con el orgullo.
2. Define tres ideas clave (solo tres)
Una presentación es una historia con tres capítulos. Más de tres, y el equipo se pierde. Menos de tres, y te quedas corto.
Ejemplo:
- Dónde estamos.
- Qué estamos mejorando.
- Cómo podemos hacerlo aún mejor juntos.
3. Usa datos, pero tradúcelos
Los números por sí solos no comunican, necesitan contexto emocional.
“La satisfacción del cliente ha subido un 10%” no dice mucho. “Eso significa que 1 de cada 10 clientes más sale sonriendo del centro” ya cuenta una historia.
4. Da voz al equipo
Aunque tú presentes, no monopolices. Incluye testimonios, ejemplos o comentarios que hayas escuchado.
“Alguien del equipo me dijo el otro día: ‘Esto está funcionando porque ahora hablamos más entre nosotros’. Eso vale más que cualquier gráfico.”
La gente necesita sentirse parte de la conversación, no espectadores.
5. Prepara una diapositiva que no necesite explicación
Sí, una sola. Esa que lo resume todo: una imagen del equipo, una frase, un número. Algo que diga: esto somos nosotros. Esa es la que se recuerda.
Algunos errores comunes (y cómo evitarlos)
❌ Querer decirlo todo. ➡️ Prioriza: lo importante no es la cantidad, sino el impacto.
❌ Hablar solo desde la dirección. ➡️ Usa el “nosotros” más que el “yo” o el “vosotros”.
❌ Olvidar el ritmo. ➡️ Alterna emoción, información y acción. Mantiene la atención y evita la monotonía.
❌ Terminar sin cierre. ➡️ Siempre acaba con un mensaje positivo o una idea accionable:
“Este mes hemos crecido, pero lo mejor no son los números, sino la forma en que lo hemos hecho.”
Algunos consejos técnicos
- Usa un diseño limpio, sin distracciones visuales.
- Tipografía grande y legible (nunca menos de 24 pt).
- No leas las diapositivas: cuenta, no recites.
- Practica mirando a alguien, no a la pantalla.
- Si puedes, incluye una anécdota o una imagen del propio equipo (la autenticidad gana siempre).
Cierra con conexión
No busques aplausos, busca compromiso. No cierres con un “gracias”, sino con una invitación.
“Lo que hemos conseguido es de todos. Lo que viene, también lo será.”
Una buena presentación no se mide por lo bien que hablas, sino por lo que cambia después. Si el equipo sale más unido, más claro y un poco más orgulloso de lo que hace, ya fue un éxito.
En resumen
Las presentaciones internas no son un trámite. Son el momento en el que el liderazgo se vuelve visible. Y en un entorno tan exigente como la veterinaria, liderar bien también es comunicar bien.
No se trata de proyectar ideas bonitas, sino de encender ideas útiles. De hablar menos de “qué hacemos” y más de “por qué lo hacemos”.
Porque cuando el equipo entiende el propósito, la clínica funciona mejor. Y eso —más que una presentación— es cultura.
