El trabajo invisible e indispensable de nuestras ATVs

El equipo de un centro veterinario está formado principalmente por veterinarios, auxiliares (ATVs) y peluqueros. Somos los veterinarios lo que tenemos la responsabilidad de diagnosticar, tratar y curar a las mascotas, así como concienciar a los clientes sobre la importancia de realizar de la medicina preventiva, aunque en esto también puede ayudar enormemente el resto del equipo. Pero hay otra figura importantísima en el funcionamiento de una clínica veterinaria como es la de ATV.

Recuerdo cuando allá por 2007, decidí dar el paso de montar mi propia clínica y se me presentó el dilema de meter un segundo veterinario conmigo, lo cual me permitiría tener cubierto en todo momento el puesto, y así poder dedicar más tiempo a la gestión y a seguir formándome, o bien, por el contrario, meter una ATV-recepcionista. Finalmente me decanté por esto último y hoy en día sigo pensando que fue una decisión más que acertada. Tanto es así que durante varios años me dediqué a dar cursos y formarlas para que pudieran desempeñar sus labores de una manera mas eficaz, ante la ausencia de una titulación oficial, la cual es imprescindible.

Está demostrado que las ATVs mejoran el rendimiento de los centros veterinarios. Pueden realizar multitud de funciones como son recepción, ayuda en consulta, administración de tratamientos, realizar pruebas de laboratorio, ayudar en quirófano, administración y labores de gestión, etc. Por no decir que son la primera y última persona que atiende al cliente, teniendo la difícil misión de llevar de forma óptima las agendas y gestión de los tiempos, así como hacer un seguimiento de los clientes y su grado de satisfacción.

En el reciente Congreso de Especialidades de Avepa, me preguntaron qué opinión tenía sobre su papel, y que ratio es el ideal respecto al número de veterinarios. Respecto a lo primero comenté que soy muy fan de las ATVs, y respecto a lo segundo, cada centro es un mundo y siempre me gusta hacer un análisis a fondo de forma individual. Pero lo que es evidente, es que si las ATVs no funcionan bien habrá muchas probabilidades de tampoco lo haga la clínica. Tienen un trabajo invisible e indispensable, haciendo que las cosas fluyan, aunque tal vez no siempre es reconocido y valorado .

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